Años después los senderos se volvieron a cruzar, muchas cosas habían cambiado en los aventureros en este tiempo explorando el salvaje mundo al que algunos llamaban vida. A pesar del tiempo transcurrido, parecía que la relación había envejecido como el buen vino y era fuerte y madura. La noche y el agua fueron testigos de las complicidades contando las historias que cada uno había recorrido en todos estos años.
Y volvió el día, en la hoguera solo quedaban los últimos rescoldos humeantes, como recuerdo de la noche que los volvió a unir. Pero sus senderos tomaban diferentes direcciones y sin saber si volverían a encontrarse, cada uno retomó su camino con el regocijante calor que dejan los buenos momentos en el pecho.
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Relativismo moral, aventuras de gente que te llenan de opiniones, vivencias y visiones del mundo.
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Seguimos sin encontrar quien nos salve, pero al menos contamos con gente que nos quiera y que nos insufla la esperanza de levantarnos cada mañana por seguir luchando.
lunes, 11 de julio de 2016
Momentos regocijantes
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